La velocidad del sonido, un fenómeno fundamental en la física acústica, se define como la velocidad a la cual se propaga una onda sonora a través de un medio específico. Este fenómeno varía según las condiciones del medio en el cual se transmite, siendo afectado principalmente por factores como la temperatura, la presión y la composición del medio en cuestión.
En condiciones estándar de temperatura y presión (STP por sus siglas en inglés), la velocidad del sonido en el aire se aproxima a unos 343 metros por segundo (m/s), o aproximadamente 1235 kilómetros por hora (km/h). Sin embargo, esta velocidad puede cambiar significativamente dependiendo de la temperatura del aire. A temperatura ambiente (aproximadamente 20°C), la velocidad del sonido en el aire se encuentra alrededor de los 343 m/s. A medida que la temperatura aumenta, la velocidad del sonido también aumenta, debido a que las moléculas de aire se mueven más rápido y pueden transmitir las vibraciones sonoras con mayor rapidez.

En medios sólidos, como el acero o el hormigón, la velocidad del sonido es mucho mayor que en el aire. En el acero, por ejemplo, puede alcanzar velocidades de hasta 5000 m/s, lo que se debe a la mayor densidad y cohesión molecular de los sólidos, que permiten una transmisión más eficiente de las ondas sonoras. Por otro lado, en líquidos como el agua, la velocidad del sonido es considerablemente mayor que en el aire, siendo aproximadamente 1482 m/s a 20°C, debido a la mayor densidad del agua en comparación con el aire.
La teoría moderna sobre la velocidad del sonido se remonta a los estudios de Pierre-Simon Laplace, quien en el siglo XIX desarrolló la primera formulación matemática precisa para calcular la velocidad del sonido en el aire. Laplace determinó que la velocidad del sonido depende directamente de la raíz cuadrada de la relación entre la elasticidad (o rigidez) del medio y su densidad. Esta relación se expresa matemáticamente como:
v=ρB
donde v es la velocidad del sonido, B es el módulo de elasticidad volumétrica del medio y ρ es su densidad.
En la práctica, la velocidad del sonido se utiliza en una variedad de campos, desde la ingeniería acústica y la medicina hasta la industria aeroespacial y la música. En medicina, por ejemplo, la ecografía utiliza la velocidad del sonido en el cuerpo humano para generar imágenes precisas de tejidos internos, mientras que en la industria aeroespacial, el conocimiento preciso de la velocidad del sonido es crucial para el diseño y la operación de aeronaves supersónicas.
La velocidad del sonido también tiene implicaciones culturales y sociales significativas. En la música, la relación entre la velocidad del sonido y la percepción humana del ritmo y la armonía ha sido objeto de estudio desde tiempos antiguos. Instrumentos musicales y sistemas de sonido modernos están diseñados teniendo en cuenta las propiedades físicas del sonido, incluyendo su velocidad y frecuencia, para crear experiencias auditivas emocionantes y enriquecedoras.
En resumen, la velocidad del sonido es un concepto fundamental en la física que describe la rapidez con la que las ondas sonoras se propagan a través de un medio específico. Su estudio y comprensión no solo son esenciales para diversas ramas de la ciencia y la tecnología, sino que también juegan un papel crucial en nuestra experiencia diaria del mundo que nos rodea.