El término «pasta térmica» o «compuesto térmico» se refiere a un material conductor de calor utilizado en la electrónica y la informática para mejorar la transferencia de calor entre dos superficies. En esencia, la pasta térmica actúa como un puente térmico entre un componente, como un procesador de computadora o un chip gráfico, y su disipador de calor. Esta sustancia viscosa se aplica entre la superficie del componente y el disipador para llenar las irregularidades microscópicas que puedan existir entre ellos. Su principal función es mejorar la conducción térmica al eliminar el aire atrapado en los espacios microscópicos.
La necesidad de pasta térmica surge debido a que las superficies metálicas, aunque parezcan lisas a simple vista, presentan pequeñas imperfecciones que pueden generar bolsas de aire cuando se ponen en contacto con otro material metálico, como un disipador de calor. Estas bolsas de aire son malos conductores de calor y reducen la eficiencia de la transferencia térmica. Al aplicar pasta térmica, se elimina el aire atrapado, permitiendo que el calor fluya más eficientemente desde el componente hacia el disipador.

La pasta térmica se compone típicamente de una base de silicona o compuestos de polímeros con partículas conductoras de calor, como óxido de zinc, óxido de aluminio o plata. Estas partículas ayudan a mejorar la conductividad térmica del compuesto, facilitando así la transferencia de calor. Además, la pasta térmica puede contener aditivos para mejorar sus propiedades, como la estabilidad a altas temperaturas o la resistencia a la corrosión.
La aplicación adecuada de la pasta térmica es crucial para garantizar un rendimiento térmico óptimo. Se debe aplicar una capa delgada y uniforme sobre la superficie del componente, evitando el exceso de pasta que podría crear aislamientos térmicos no deseados. Métodos comunes de aplicación incluyen el método de punto, donde se colocan pequeños puntos de pasta térmica en la superficie del componente y se deja que se distribuyan uniformemente bajo presión, y el método de esparcimiento, donde se extiende la pasta térmica sobre la superficie con una tarjeta plástica o similar.
Es importante tener en cuenta que la pasta térmica no es un material permanente y puede secarse o degradarse con el tiempo debido a la exposición al calor y al aire. Por lo tanto, en aplicaciones de larga duración o en entornos donde la temperatura es un factor crítico, se recomienda reemplazar la pasta térmica periódicamente para mantener un rendimiento térmico óptimo.
En resumen, la pasta térmica es un material esencial en la disipación de calor en dispositivos electrónicos y de computadora. Su función principal es mejorar la transferencia de calor entre componentes y disipadores al llenar los espacios microscópicos y eliminar el aire atrapado. Con una aplicación adecuada y mantenimiento regular, la pasta térmica ayuda a garantizar un funcionamiento eficiente y confiable de los dispositivos electrónicos.
Más Informaciones
La pasta térmica, también conocida como compuesto térmico o grasa térmica, desempeña un papel fundamental en la refrigeración de componentes electrónicos que generan calor, como procesadores de computadora (CPU), unidades de procesamiento gráfico (GPU), circuitos integrados de potencia (IC), y otros dispositivos semiconductores. Su uso se extiende desde computadoras personales y servidores hasta dispositivos electrónicos de consumo, como consolas de videojuegos, teléfonos inteligentes y tabletas.
La eficacia de la pasta térmica radica en su capacidad para llenar los microespacios entre la superficie del componente y el disipador de calor. Estos microespacios pueden ser resultado de irregularidades en la superficie del componente o del disipador, y si se dejan sin llenar, pueden atrapar aire, que es un pobre conductor de calor. Al aplicar la pasta térmica, se eliminan estos espacios de aire, mejorando significativamente la transferencia de calor entre el componente y el disipador.
Las propiedades de la pasta térmica varían según la composición específica del producto. Las pastas térmicas más comunes están compuestas por una base de silicona o polímero y partículas conductoras de calor, como óxido de zinc, óxido de aluminio o plata. Estas partículas ayudan a aumentar la conductividad térmica del compuesto, lo que mejora la eficiencia de la transferencia de calor.
Además de las partículas conductoras de calor, las pastas térmicas pueden contener aditivos para mejorar sus propiedades. Algunos aditivos comunes incluyen estabilizadores de temperatura para mejorar la resistencia a altas temperaturas, agentes antiadherentes para facilitar la aplicación y componentes que ayudan a prevenir la corrosión de las superficies metálicas.
La aplicación de la pasta térmica es un proceso importante que puede afectar significativamente su rendimiento. La cantidad adecuada de pasta térmica a aplicar depende del tamaño y la forma del componente, así como de las instrucciones específicas del fabricante del compuesto térmico y del disipador de calor. En general, se recomienda aplicar una capa delgada y uniforme de pasta térmica para garantizar una transferencia de calor óptima.
Existen diferentes métodos para aplicar pasta térmica, cada uno con sus propias ventajas y desventajas. El método de punto, donde se colocan pequeños puntos de pasta térmica en la superficie del componente y se dejan que se distribuyan uniformemente bajo presión, es uno de los más utilizados. Otro método común es el de esparcimiento, donde se extiende la pasta térmica sobre la superficie con una tarjeta plástica o una espátula de aplicación.
Es importante destacar que la pasta térmica no es un material permanente y puede secarse o degradarse con el tiempo debido a la exposición al calor y al aire. Por lo tanto, en aplicaciones de larga duración o en entornos donde la temperatura es un factor crítico, se recomienda reemplazar la pasta térmica periódicamente para mantener un rendimiento térmico óptimo.
En conclusión, la pasta térmica desempeña un papel crucial en la disipación de calor en dispositivos electrónicos y de computadora al mejorar la transferencia de calor entre los componentes y los disipadores. Con una selección adecuada del compuesto térmico, una aplicación cuidadosa y un mantenimiento regular, se puede garantizar un funcionamiento eficiente y confiable de los dispositivos electrónicos durante su vida útil.