El cáncer de sangre, conocido en términos médicos como leucemia, es una enfermedad oncológica que afecta a las células sanguíneas y a la médula ósea, donde se producen estas células. A diferencia de algunas infecciones y enfermedades contagiosas, el cáncer de sangre no es una enfermedad infecciosa ni contagiosa. Esto significa que no se puede transmitir de una persona a otra a través del contacto físico, el aire o los fluidos corporales.
Definición y tipos de leucemia
La leucemia se caracteriza por una proliferación anormal y descontrolada de células sanguíneas inmaduras en la médula ósea. Estas células defectuosas, conocidas como células leucémicas, impiden la producción normal de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Como resultado, las personas con leucemia pueden experimentar anemia, infecciones recurrentes y problemas de sangrado.

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Existen varios tipos de leucemia, que se clasifican principalmente en función de la velocidad de progresión de la enfermedad y el tipo de célula afectada. Los dos grandes grupos son:
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Leucemia aguda: Se desarrolla rápidamente y afecta a las células inmaduras. Los dos principales tipos son:
- Leucemia linfoblástica aguda (LLA): Afecta principalmente a las células precursoras de los linfocitos.
- Leucemia mieloide aguda (LMA): Afecta a las células precursoras de los glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.
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Leucemia crónica: Se desarrolla de manera más lenta y afecta a las células maduras. Los dos principales tipos son:
- Leucemia linfocítica crónica (LLC): Afecta a los linfocitos maduros y suele ser más común en adultos mayores.
- Leucemia mieloide crónica (LMC): Afecta a las células mieloides maduras y suele estar asociada con una mutación genética específica.
Causas y factores de riesgo
La causa exacta de la leucemia no se conoce con certeza, pero se ha identificado una serie de factores de riesgo que pueden predisponer a una persona a desarrollar la enfermedad. Entre estos factores se encuentran:
- Predisposición genética: Algunas personas pueden heredar predisposiciones genéticas a desarrollar leucemia.
- Exposición a radiación: La exposición a niveles altos de radiación, como los que se pueden encontrar en tratamientos de radioterapia, puede aumentar el riesgo.
- Exposición a sustancias químicas: El contacto prolongado con ciertos químicos y pesticidas también ha sido asociado con un mayor riesgo de leucemia.
- Trastornos genéticos: Condiciones genéticas como el síndrome de Down y otros trastornos relacionados pueden aumentar el riesgo de leucemia.
- Historia familiar: Tener un familiar cercano con leucemia puede aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico de la leucemia se basa en una combinación de análisis de sangre, estudios de médula ósea y pruebas de imagen. Los principales métodos de diagnóstico incluyen:
- Hemograma completo: Permite identificar anomalías en los niveles de células sanguíneas.
- Biopsia de médula ósea: Se realiza para examinar las células en la médula ósea y confirmar la presencia de células leucémicas.
- Citometría de flujo: Se utiliza para analizar las características de las células leucémicas.
- Estudios genéticos: Ayudan a identificar mutaciones específicas asociadas con ciertos tipos de leucemia.
El tratamiento de la leucemia varía en función del tipo específico y el estado general de salud del paciente. Las principales opciones de tratamiento incluyen:
- Quimioterapia: Uso de fármacos para destruir las células leucémicas.
- Radioterapia: Empleo de radiación para eliminar células cancerosas, especialmente en casos de leucemia aguda.
- Terapia dirigida: Fármacos que atacan específicamente las células cancerosas basándose en características genéticas o moleculares.
- Trasplante de células madre: Procedimiento en el que se reemplazan las células madre dañadas de la médula ósea con células sanas de un donante.
- Inmunoterapia: Uso de terapias que estimulan el sistema inmunológico para reconocer y destruir células cancerosas.
Pronóstico y supervivencia
El pronóstico de la leucemia varía considerablemente en función de factores como el tipo de leucemia, la edad del paciente, el estado general de salud y la respuesta al tratamiento. En general, los avances en el tratamiento han mejorado las tasas de supervivencia y la calidad de vida de los pacientes con leucemia. Sin embargo, la enfermedad sigue siendo un reto significativo y requiere un seguimiento continuo.
Conclusión
En resumen, el cáncer de sangre, o leucemia, es una enfermedad grave que afecta a la médula ósea y las células sanguíneas, pero no es contagiosa. Aunque los factores de riesgo y la predisposición genética pueden desempeñar un papel en su desarrollo, no se transmite de persona a persona. El tratamiento y el diagnóstico de la leucemia han avanzado significativamente en las últimas décadas, lo que ha mejorado las perspectivas para muchos pacientes. La investigación continua es fundamental para comprender mejor las causas de la leucemia y desarrollar tratamientos más efectivos.