Salud psicológica

La dialéctica de Schopenhauer

La filosofía de Schopenhauer en su obra «Cómo ser siempre tenido la razón»

Arthur Schopenhauer, uno de los filósofos más influyentes del siglo XIX, es conocido por sus teorías pesimistas sobre la vida, la voluntad humana y la naturaleza del sufrimiento. Sin embargo, su enfoque sobre el arte de la discusión y la persuasión, expresado en su obra «Cómo ser siempre tenido la razón», ofrece una mirada interesante y a menudo irónica sobre las dinámicas del debate y la argumentación humana. Esta obra, que podría parecer en principio un manual práctico sobre cómo vencer a un oponente en una discusión, en realidad revela mucho más sobre la psicología humana, la naturaleza de la verdad y la manipulación.

La lógica detrás del título

El título de la obra es provocativo por sí mismo. «Cómo ser siempre tenido la razón» sugiere una especie de estrategia infalible para ganar cualquier discusión. Sin embargo, como ocurre con muchas de las obras de Schopenhauer, lo que parece ser una guía para obtener victorias simples en debates es, en realidad, una crítica mordaz a la superficialidad de muchos de los métodos que utilizamos para argumentar. Schopenhauer no estaba interesado en enseñar a sus lectores cómo ganar discusiones de manera legítima, sino más bien en demostrar las tácticas que las personas emplean para manipular el curso de una conversación y salirse con la suya, independientemente de la validez de sus argumentos.

La dialéctica y las tácticas argumentativas

En el núcleo de la obra, Schopenhauer presenta lo que él llama «la dialéctica» de la disputa. Según el filósofo, no importa tanto la verdad o falsedad de lo que se discute, sino las técnicas empleadas para ganarse al oyente o al interlocutor. La dialéctica, entonces, se convierte en un conjunto de estrategias que pueden ser utilizadas para persuadir, manipular o incluso derrotar a un oponente, independientemente de si el argumento es válido o no.

Schopenhauer ofrece una serie de tácticas que él describe como trampas dialécticas, las cuales pueden ser empleadas para ganar una discusión sin necesidad de tener razón. Estas incluyen:

  1. El uso de la falacia ad hominem: En lugar de refutar los argumentos del oponente, atacar su carácter o su personalidad. Esta táctica desvia la atención de la discusión hacia aspectos personales, lo que puede hacer que el oponente se defienda de manera emocional, perdiendo así el foco del tema central.

  2. La tergiversación del argumento contrario: Tomar un argumento de un oponente y exagerarlo o distorsionarlo de manera que sea más fácil de refutar, en lugar de abordar su posición de manera honesta. Esto es lo que Schopenhauer llama una «falacia de la equivocación».

  3. El uso de la técnica del «método del ejemplo extremo»: Llevar el argumento de la otra persona a un extremo ridículo, eludiendo así el verdadero punto de la discusión. Este es un clásico recurso retórico que permite descalificar el argumento sin confrontarlo realmente.

  4. El recurso al aplauso popular o la autoridad: A veces, la solución más fácil para ganar una discusión es apelar a la mayoría o a figuras de autoridad, en lugar de presentar razones convincentes. Esto se utiliza para evitar la necesidad de argumentar y en su lugar hacer que la audiencia se alinee con el «poder establecido».

  5. El ataque por agotamiento: Emplear una gran cantidad de argumentos para abrumar al oponente, no con el objetivo de que todos sean válidos, sino para saturar a la otra persona con tal cantidad de datos que eventualmente se rinda, incluso si está convencida de que uno de esos puntos es erróneo.

Estas tácticas son solo algunas de las estrategias que Schopenhauer enumera en su obra. Lo que subyace a todas ellas es la idea de que, en el campo de la argumentación, la habilidad para manipular a la audiencia o al interlocutor puede ser más efectiva que la verdadera razón. Según Schopenhauer, las personas suelen tener un interés personal en ganar, lo que les lleva a usar estos métodos no tanto con el fin de llegar a la verdad, sino con la intención de salir victoriosos, independientemente de las consecuencias.

La influencia de la voluntad

Schopenhauer es conocido por su concepto de la «voluntad», que describe como una fuerza irracional y ciega que mueve todo el universo. La voluntad, para él, es la esencia de la vida misma y la causa del sufrimiento humano. En su obra «El mundo como voluntad y representación», Schopenhauer argumenta que los seres humanos estamos constantemente impulsados por deseos y necesidades que nos sumergen en un ciclo interminable de insatisfacción.

Este concepto de la voluntad también influye en su enfoque hacia la discusión y la argumentación. Para Schopenhauer, la voluntad de ganar, de ser reconocido como correcto, de prevalecer sobre los demás, es una de las fuerzas más poderosas que puede motivar a una persona en una disputa. Esta voluntad de vencer no está necesariamente vinculada a la búsqueda de la verdad o de la justicia, sino a la necesidad de satisfacción egoísta. En este contexto, las tácticas argumentativas descritas anteriormente son solo manifestaciones de esa voluntad ciega de dominar al otro.

La verdad en la argumentación

A pesar de su enfoque crítico hacia las disputas, Schopenhauer no abandona completamente la idea de la verdad. De hecho, en varios momentos de su obra, señala que aunque las tácticas de manipulación pueden ser efectivas en el corto plazo, el verdadero valor de una discusión radica en la búsqueda honesta de la verdad. No obstante, él reconoce que la mayoría de las personas no están interesadas en la verdad, sino en su propia victoria. En una sociedad en la que predomina la competencia y el individualismo, la verdad queda relegada a un segundo plano, mientras que la persuasión y la estrategia se vuelven los medios más efectivos para ganar una discusión.

Por otro lado, Schopenhauer también menciona que, en ocasiones, las personas tienen la capacidad de discernir la verdad a través de la reflexión y la honestidad intelectual. Sin embargo, este es un proceso difícil y poco común, ya que la mayoría prefiere la gratificación inmediata que da la victoria argumentativa. En este sentido, la verdadera virtud en la argumentación radica no en ganar, sino en buscar la comprensión profunda y en aceptar la posibilidad de estar equivocado.

La crítica a la racionalidad

Una de las características más notables de la filosofía de Schopenhauer es su crítica a la racionalidad humana. En su visión del mundo, la razón es solo una herramienta que está al servicio de los deseos y la voluntad. La razón no es un medio para alcanzar la verdad objetiva, sino un instrumento que permite justificar nuestras acciones y creencias, independientemente de su legitimidad. En «Cómo ser siempre tenido la razón», Schopenhauer expone que, aunque la razón es fundamental para el desarrollo de una argumentación coherente, en la práctica suele ser utilizada para manipular a los demás y para servir a intereses egoístas.

La crítica de Schopenhauer a la racionalidad está en línea con su visión más amplia de la naturaleza humana. Para él, la razón y la lógica son apenas una capa superficial de la compleja y turbulenta naturaleza humana, que está gobernada en última instancia por impulsos irracionales y deseos insatisfechos. En este sentido, la lógica y la argumentación no son herramientas puras para alcanzar la verdad, sino mecanismos que, al igual que las tácticas dialécticas, pueden ser corrompidos por los intereses de quienes las emplean.

Conclusión

«Cómo ser siempre tenido la razón» es una obra que, a pesar de su tono irónico y su enfoque en las tácticas manipulativas, ofrece una profunda reflexión sobre la naturaleza humana y el arte de la argumentación. Schopenhauer no solo examina las formas en que las personas pueden manipular las discusiones a su favor, sino que también invita a reflexionar sobre los motivos subyacentes que nos llevan a participar en disputas, como la voluntad de poder y la búsqueda de satisfacción personal. Al mismo tiempo, la obra no pierde de vista la importancia de la búsqueda de la verdad, aunque reconoce que, en un mundo dominado por la competencia y los intereses egoístas, la verdad rara vez es el objetivo final de una discusión.

En última instancia, Schopenhauer nos invita a cuestionar no solo las tácticas que empleamos en nuestras disputas, sino también las motivaciones profundas que nos impulsan a argumentar en primer lugar. A través de su crítica mordaz a la dialéctica, el filósofo nos ofrece una mirada lúgubre pero realista de cómo operan las interacciones humanas, tanto en el ámbito intelectual como en el personal.

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