La Diferencia entre el Estructuralismo y el Desconstruccionismo en la Crítica Literaria
En el campo de los estudios literarios, dos enfoques filosóficos y críticos fundamentales han modelado las formas de interpretar y analizar textos desde el siglo XX: el estructuralismo y el desconstruccionismo. Aunque ambos enfoques comparten una preocupación común por entender la estructura subyacente de los textos y las lenguas, sus métodos, objetivos y principios filosóficos son muy diferentes. El estructuralismo, influenciado por las ciencias sociales y las teorías lingüísticas, propone que los significados se originan en estructuras universales y estables, mientras que el desconstruccionismo, influenciado por la filosofía post-estructuralista, desafía la idea de estabilidad en los significados y pone en duda la posibilidad de estructuras fijas y definitivas. Este artículo explora ambas corrientes en profundidad, destacando sus diferencias fundamentales y el impacto que han tenido en los estudios literarios y filosóficos.

1. El Surgimiento del Estructuralismo
El estructuralismo es una corriente de pensamiento que emergió a mediados del siglo XX, con un fuerte enfoque en las ciencias sociales y la lingüística. En particular, se basa en las ideas del lingüista suizo Ferdinand de Saussure, cuya teoría del lenguaje como un sistema de signos interdependientes proporcionó una nueva forma de abordar la interpretación del texto. Saussure argumentaba que el lenguaje no tiene un significado inherente, sino que adquiere sentido a través de las relaciones entre sus elementos dentro de un sistema estructural. Es decir, los significados surgen de las diferencias entre las palabras dentro de un sistema lingüístico, no de su relación con la realidad externa.
El estructuralismo, influenciado por esta perspectiva, propone que el significado de un texto se construye a partir de un sistema de relaciones dentro de una estructura preexistente, ya sea en el lenguaje, la cultura o las prácticas sociales. Los estructuralistas creen que existe una red de relaciones universales que subyacen a todas las culturas y que, al desentrañarlas, se pueden descubrir patrones y reglas comunes.
2. El Enfoque de los Estructuralistas en la Literatura
Dentro de la crítica literaria, los estructuralistas se enfocaron en analizar las estructuras profundas que subyacen a las narrativas literarias. A través de este enfoque, se intentó descubrir cómo los textos literarios, independientemente de su contenido específico, compartían estructuras similares que reflejaban el funcionamiento general del lenguaje y la sociedad. De acuerdo con el estructuralismo, cada elemento del texto —sea una palabra, un personaje o una escena— tiene un papel dentro de una red de significados más amplia.
El principal objetivo del análisis estructuralista es identificar las estructuras universales que subyacen a los textos y que permiten su interpretación. Por ejemplo, los narratologistas estructuralistas, como Roland Barthes y Gérard Genette, analizaron las formas narrativas comunes y las reglas que rigen la organización de los relatos, como el tiempo, la focalización o la secuenciación de los eventos. Para los estructuralistas, el texto se interpreta mejor si se entiende como una estructura cerrada que se puede descomponer y analizar en sus partes constitutivas.
3. El Desconstruccionismo: Deconstruir el Significado
En contraste con el estructuralismo, el desconstruccionismo es una corriente filosófica y literaria que pone en duda la posibilidad de acceder a un significado estable y fijo. Desarrollado por el filósofo francés Jacques Derrida en la década de 1960, el desconstruccionismo sostiene que el lenguaje está en constante flujo y que el significado de los textos nunca es definitivo, sino que siempre está sujeto a reinterpretaciones y ambigüedades. Para Derrida, no existen estructuras estables y universales que guíen el significado; en cambio, los significados son siempre contingentes, cambiantes y dependientes del contexto.
Una de las ideas clave del desconstruccionismo es el concepto de «diférance», un neologismo acuñado por Derrida que combina dos palabras: «diferencia» y «diferir». La «diférance» sugiere que el significado de las palabras y los textos nunca se establece de manera definitiva, sino que siempre está en un proceso de diferimiento, en el que los significados se desplazan de una palabra a otra y nunca se alcanzan plenamente. Esto implica que cualquier intento de encontrar una estructura fija de significados en un texto es una ilusión.
4. La Crítica Desconstruccionista a la Idea de Estabilidad
La principal crítica que el desconstruccionismo hace al estructuralismo es la creencia en la estabilidad de las estructuras y los significados. Mientras que los estructuralistas sostienen que existen patrones universales en la cultura y el lenguaje que subyacen a todos los textos, los desconstruccionistas argumentan que esos patrones son ilusorios. De acuerdo con Derrida, las estructuras y los sistemas de significado en los que los estructuralistas creen son siempre inestables y están sujetos a constantes cambios. Los textos, en lugar de tener un significado fijo y comprensible, están llenos de contradicciones, ambigüedades y rupturas que resisten cualquier intento de interpretación definitiva.
Además, el desconstruccionismo rechaza la idea de que los textos puedan ser «descifrados» a través de un análisis estructural. En lugar de buscar la «estructura profunda» de un texto, el desconstruccionismo se enfoca en las tensiones, contradicciones y lagunas que surgen al intentar darle un sentido fijo. En este sentido, los desconstruccionistas no están interesados en encontrar un significado único o estable, sino en revelar las múltiples capas de significados que se producen dentro de un texto.
5. La Relación entre Estructuralismo y Desconstruccionismo
Aunque el desconstruccionismo se desarrolló en parte como una crítica al estructuralismo, no se puede entender simplemente como su opuesto. De hecho, muchos desconstruccionistas, incluidos Derrida y otros pensadores como Michel Foucault, se vieron inicialmente influenciados por las ideas estructuralistas, pero fueron más allá de ellas al reconocer la imposibilidad de alcanzar una interpretación estable. Mientras que los estructuralistas intentan descubrir las reglas universales de las estructuras subyacentes, los desconstruccionistas deconstruyen esas estructuras mismas para mostrar que son contingentes, cambiantes y a menudo contradictorias.
Ambos enfoques comparten un interés por las relaciones entre los elementos dentro de un sistema, pero difieren profundamente en su concepción de la estabilidad de esas relaciones. El estructuralismo cree en la existencia de una estructura subyacente estable que puede ser revelada, mientras que el desconstruccionismo ve la estructura como algo fluido, inestable y en constante evolución.
6. Impacto del Estructuralismo y el Desconstruccionismo en la Crítica Literaria
El estructuralismo y el desconstruccionismo han tenido un profundo impacto en la crítica literaria, especialmente en la manera en que los académicos interpretan los textos. El enfoque estructuralista ha llevado a una mayor sistematización del análisis literario, enfocándose en los patrones y las estructuras universales que conectan todos los textos. Esto ha permitido un enfoque más técnico y objetivo en la interpretación, que ha sido útil en el análisis de obras literarias desde una perspectiva científica y comparativa.
Por otro lado, el desconstruccionismo ha influido en una visión más radical de la crítica literaria, que se aleja de las ideas de estabilidad y significado fijo. Este enfoque ha incentivado una crítica literaria más flexible y abierta, que no busca «resolver» el texto, sino comprender la multiplicidad de interpretaciones y las tensiones internas que contiene.
7. Conclusión
En resumen, el estructuralismo y el desconstruccionismo representan dos enfoques filosóficos y literarios profundamente diferentes. Mientras que el estructuralismo busca identificar las estructuras fijas que subyacen a los textos y las culturas, el desconstruccionismo desafía la existencia de tales estructuras estables y propone que los significados son siempre fluctuantes y cambiantes. Ambos enfoques han dejado una huella indeleble en la crítica literaria moderna, y aunque sus diferencias son marcadas, también comparten una preocupación común por entender las formas en que el lenguaje y los textos producen significado.