Cuidar de un bebé recién nacido es una experiencia llena de amor y ternura, pero también puede ser un desafío, especialmente para los padres primerizos. A pesar de las mejores intenciones, es fácil cometer errores comunes que pueden afectar el bienestar del bebé. A continuación, se presentan algunos de los errores más frecuentes al tratar con un recién nacido y cómo evitarlos.
1. Sobreabrigar al bebé
Uno de los errores más comunes es abrigar demasiado al bebé, especialmente durante el sueño. Los padres a menudo temen que su bebé pueda tener frío, pero sobreabrigar a un recién nacido puede ser peligroso. Los bebés regulan su temperatura corporal de manera diferente a los adultos, y el exceso de calor puede aumentar el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). La mejor manera de asegurarse de que el bebé esté cómodo es vestirlo con capas ligeras y verificar regularmente su temperatura tocando su nuca. Si está sudoroso o demasiado caliente al tacto, es probable que tenga demasiado calor.

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2. No sostener la cabeza del bebé correctamente
Los recién nacidos tienen músculos del cuello débiles y su cabeza es proporcionalmente más grande en comparación con el resto de su cuerpo. Es crucial sostener la cabeza del bebé en todo momento, especialmente cuando lo levantas o lo cargas. No hacerlo puede causar lesiones en el cuello o en la médula espinal. Asegúrate de siempre apoyar su cabeza con una mano mientras sostienes su cuerpo con la otra.
3. No seguir una rutina de sueño
Es común que los padres se sientan abrumados con las demandas de un recién nacido, lo que a veces lleva a la falta de una rutina de sueño consistente. Sin embargo, establecer una rutina de sueño es crucial para el desarrollo del bebé y para la salud mental de los padres. Los bebés necesitan saber cuándo es hora de dormir para que su cuerpo comience a asociar ciertos rituales, como un baño o una canción de cuna, con el sueño. Aunque los horarios pueden ser flexibles, es útil seguir un patrón regular para ayudar al bebé a establecer buenos hábitos de sueño desde el principio.
4. Alimentar al bebé cada vez que llora
Es natural querer calmar a un bebé que llora, y muchas veces los padres asumen que el llanto es una señal de hambre. Sin embargo, los bebés lloran por diversas razones, como cansancio, incomodidad, necesidad de cambio de pañal o simplemente por querer ser consolados. Alimentar al bebé cada vez que llora puede llevar a sobrealimentación y malestar digestivo. En lugar de ofrecer el pecho o el biberón de inmediato, trata de identificar la causa del llanto y considera otras formas de consolar al bebé.
5. Ignorar las señales de sobreestimulación
Los recién nacidos pueden ser fácilmente sobreestimulados por el ruido, las luces brillantes o el exceso de actividad a su alrededor. A menudo, los padres no se dan cuenta de que su bebé está sobreestimulado hasta que el bebé se muestra irritable o incapaz de calmarse. Es importante observar las señales de sobreestimulación, como bostezos, frotarse los ojos o volverse irritable. Si notas estos signos, trata de llevar al bebé a un ambiente tranquilo y oscuro para ayudarlo a relajarse.
6. No esterilizar los biberones correctamente
La higiene es crucial cuando se trata de alimentar a un recién nacido, especialmente si se utilizan biberones. Un error común es no esterilizar los biberones correctamente, lo que puede llevar a infecciones gastrointestinales en el bebé. Los biberones deben ser esterilizados antes del primer uso y regularmente después, especialmente en los primeros meses de vida. Existen varias formas de esterilizar, como hervirlos en agua durante cinco minutos, usar un esterilizador de vapor o utilizar tabletas esterilizadoras.
7. Retrasar el cambio de pañal
Cambiar el pañal de un bebé puede ser una tarea frecuente, pero es crucial hacerlo a tiempo para evitar irritaciones en la piel. Dejar a un bebé con un pañal sucio durante mucho tiempo puede causar dermatitis del pañal, una condición que provoca enrojecimiento, sarpullido e incomodidad. Asegúrate de revisar el pañal de tu bebé regularmente y cambiarlo tan pronto como sea necesario. Además, permitir que la piel del bebé se seque completamente antes de poner un pañal nuevo puede ayudar a prevenir la dermatitis.
8. No consultar al pediatra ante dudas
Es común que los padres, especialmente los primerizos, se sientan inseguros sobre cómo manejar ciertas situaciones con su recién nacido. Aunque es normal buscar consejos en internet o de amigos y familiares, uno de los errores más graves es no consultar al pediatra cuando surgen dudas o preocupaciones sobre la salud del bebé. Los pediatras están capacitados para proporcionar el mejor consejo basado en la situación específica de cada bebé. No dudes en contactar a tu pediatra si tienes alguna preocupación, por pequeña que parezca.
9. Dormir con el bebé en la misma cama
Dormir con el bebé en la misma cama es una práctica que, aunque común en algunas culturas, puede ser peligrosa. El riesgo de asfixia o aplastamiento accidental es alto, especialmente en los primeros meses de vida del bebé. En su lugar, es más seguro colocar la cuna o el moisés cerca de la cama de los padres para facilitar la alimentación nocturna y mantener la cercanía, pero sin compartir la misma superficie de sueño.
10. No establecer un contacto piel con piel suficiente
El contacto piel con piel, especialmente justo después del nacimiento, tiene beneficios significativos tanto para el bebé como para los padres. Ayuda a regular la temperatura corporal del bebé, fortalece el vínculo afectivo y puede incluso facilitar la lactancia materna. A veces, debido al cansancio o la falta de conocimiento, los padres pueden no dedicar suficiente tiempo a esta práctica esencial. Intenta incluir el contacto piel con piel varias veces al día para fortalecer el lazo con tu bebé y promover su bienestar general.
11. No tener en cuenta el desarrollo del lenguaje
Aunque los recién nacidos no hablan, es importante interactuar verbalmente con ellos desde el principio. Hablarle al bebé, cantarle o incluso simplemente describir lo que estás haciendo, estimula el desarrollo del lenguaje y fortalece el vínculo emocional. No esperar a que el bebé crezca para comenzar a hablarle es fundamental, ya que desde muy temprano empiezan a captar sonidos y a desarrollar habilidades lingüísticas.
12. Sobrecargar de visitas en las primeras semanas
Es natural que amigos y familiares quieran conocer al nuevo miembro de la familia, pero demasiadas visitas en las primeras semanas pueden ser abrumadoras tanto para los padres como para el bebé. Es importante establecer límites y asegurar que tanto la madre como el bebé tengan suficiente tiempo para descansar y recuperarse. No dudes en limitar las visitas o establecer horarios que funcionen mejor para la familia.
13. Ignorar la importancia de la lactancia materna
Algunos padres pueden optar por no amamantar por diversas razones, lo cual es una decisión personal que debe ser respetada. Sin embargo, es importante estar bien informado sobre los beneficios de la lactancia materna antes de tomar esta decisión. La leche materna proporciona nutrientes esenciales, fortalece el sistema inmunológico del bebé y fomenta un vínculo especial entre madre e hijo. Si decides no amamantar, asegúrate de buscar fórmulas de alta calidad y seguir las recomendaciones de tu pediatra.
14. Falta de tiempo para el autocuidado
Un error que cometen muchos padres es descuidar su propio bienestar. Cuidar de un recién nacido puede ser agotador, pero es crucial que los padres también se cuiden a sí mismos. Dormir lo suficiente, comer bien y tomar descansos cuando sea posible son aspectos esenciales para mantener la salud física y mental. Recuerda que cuidar de ti mismo te permite ser el mejor cuidador posible para tu bebé.
Conclusión
Cuidar de un recién nacido es una tarea que viene con una curva de aprendizaje, y es natural que los padres cometan errores en el proceso. Lo importante es aprender de ellos y estar siempre dispuestos a adaptarse y mejorar. Mantenerse informado, escuchar a tu instinto y consultar al pediatra cuando sea necesario, te ayudará a navegar por esta maravillosa pero desafiante etapa de la vida con mayor confianza.