El término «desechos cósmicos» o «desechos espaciales», conocido en inglés como «space debris» o «space junk», hace referencia a los restos de objetos creados por el ser humano que se encuentran orbitando alrededor de la Tierra. Estos residuos, que incluyen fragmentos de satélites destruidos, cohetes viejos, herramientas perdidas y piezas de naves espaciales, representan una amenaza creciente para las misiones espaciales y la seguridad de las personas en la Tierra.
A medida que la exploración espacial ha avanzado, también lo ha hecho la generación de desechos en el espacio exterior. La sobrepoblación de la órbita terrestre baja, especialmente en zonas críticas como las órbitas geosíncronas, ha dado lugar a un problema ambiental que afecta no solo a los vehículos espaciales actuales, sino también a los futuros. Estos residuos pueden colisionar con satélites operativos, estaciones espaciales y otros equipos, poniendo en peligro tanto el desarrollo de futuras misiones espaciales como la vida de los astronautas que las llevan a cabo.

Orígenes del problema del «desecho cósmico»
El primer satélite artificial, Sputnik 1, lanzado por la Unión Soviética en 1957, marcó el inicio de la era espacial, y con ella, el comienzo de la acumulación de desechos en la órbita terrestre. Desde entonces, se han lanzado miles de satélites, cohetes y equipos, muchos de los cuales ya no funcionan pero siguen presentes en el espacio.
Los desechos espaciales provienen de diversas fuentes:
- Fragmentos de satélites: Estos fragmentos pueden originarse tras el choque de satélites en funcionamiento con otros objetos o por la desintegración de naves o satélites en la atmósfera. Las explosiones también contribuyen al aumento de estos desechos.
- Restos de cohetes: Los cohetes que se utilizan para lanzar satélites y otras naves espaciales dejan restos en órbita, como etapas de cohetes vacíos o piezas que no se desintegran completamente al entrar en la atmósfera.
- Herramientas y objetos perdidos por astronautas: En ocasiones, durante caminatas espaciales o misiones de reparación, los astronautas pueden perder herramientas o equipos que luego quedan flotando en el espacio.
El tamaño y la gravedad del problema
La mayoría de los desechos espaciales son objetos pequeños, pero debido a las altas velocidades a las que se desplazan, incluso los fragmentos más pequeños pueden ser devastadores en caso de colisiones. Un fragmento de tamaño de una moneda puede impactar a velocidades de hasta 28,000 km/h, lo que equivale a una fuerza considerablemente destructiva. Esto convierte a los desechos espaciales en un peligro constante para las misiones actuales y futuras en órbita terrestre.
Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Espaciales de las Naciones Unidas, se estima que hay más de 23,000 objetos mayores a 10 centímetros en órbita baja (LEO, por sus siglas en inglés) que están registrados. Si se consideran los objetos más pequeños, como partículas de polvo y fragmentos diminutos, la cifra asciende a millones de fragmentos flotando en el espacio.
Impactos de los desechos cósmicos
Amenaza para las misiones espaciales
La presencia de desechos espaciales representa una amenaza directa para satélites, estaciones espaciales como la Estación Espacial Internacional (ISS) y futuras misiones tripuladas o no tripuladas. La posibilidad de que un fragmento impacte contra un satélite, causándole daños irreparables, es una preocupación constante.
En el caso de la ISS, que orbita a unos 400 km sobre la Tierra, se ha diseñado un sistema de protección que permite a la estación espacial esquivar fragmentos más grandes. Sin embargo, no hay una forma efectiva de proteger contra los fragmentos más pequeños, que son los más abundantes y difíciles de rastrear.
Peligro para la seguridad global
A medida que más países y empresas privadas envían satélites al espacio, la acumulación de desechos en la órbita terrestre baja (LEO) podría hacer que ciertas órbitas se vuelvan inaccesibles para futuras misiones. Si no se abordan adecuadamente los desechos espaciales, podríamos enfrentarnos a una situación en la que el espacio se vuelva cada vez más congestionado, dificultando la instalación de nuevos satélites y, en última instancia, las operaciones esenciales en las telecomunicaciones, el monitoreo climático y otros aspectos cruciales para la humanidad.
El «Efecto Kessler»
El «Efecto Kessler», propuesto por el científico Donald Kessler en 1978, predice una cascada de colisiones que podría generar aún más fragmentos de desechos en el espacio, multiplicando la cantidad de escombros. Según este modelo, si la densidad de los objetos en una órbita aumenta lo suficiente, las colisiones crearían más desechos, lo que a su vez causaría más colisiones en un ciclo continuo y potencialmente descontrolado.
Soluciones propuestas
La problemática de los desechos espaciales ha llevado a diversas iniciativas para encontrar soluciones efectivas que mitiguen su impacto y permitan un uso seguro del espacio. A continuación, se presentan algunas de las soluciones más destacadas:
Recogida activa de desechos espaciales
Varios enfoques para la recolección activa de desechos espaciales han sido investigados, con el fin de remover objetos grandes que representan una amenaza significativa para las misiones espaciales. Algunas ideas incluyen el uso de redes, garras o dispositivos láser para atraer o desviar los fragmentos de desechos hacia una órbita más baja, donde se quemarán al entrar en la atmósfera.
Un ejemplo es el proyecto «ClearSpace-1», que está siendo desarrollado por la Agencia Espacial Europea (ESA). Este proyecto tiene como objetivo la captura de un satélite de residuos en órbita y su reentrada controlada a la atmósfera para su desintegración.
Mejora de las normativas y regulaciones
Las organizaciones internacionales como la ONU y la Agencia Espacial Europea están trabajando en la creación de normativas que promuevan la reducción de desechos en el espacio. Esto incluye prácticas como el diseño de satélites que puedan desintegrarse al final de su vida útil o mecanismos para garantizar que los satélites sean retirados de la órbita de manera controlada.
En 2007, China realizó una prueba de misil antisatélite que destruyó uno de sus propios satélites, lo que generó miles de fragmentos de desechos, lo que ocasionó una condena internacional debido a las repercusiones de estos desechos para la seguridad de otras misiones.
Tecnología de «congelación» o «minimización de la generación de desechos»
Los avances tecnológicos, como el desarrollo de sistemas de propulsión más eficientes, materiales más resistentes y mejoras en los mecanismos de lanzamiento y desactivación de satélites, han sido parte de los esfuerzos por reducir la cantidad de residuos generados durante las misiones espaciales. Por ejemplo, algunos satélites están diseñados para llevar sistemas de propulsión que los desorbiten cuando ya no están en funcionamiento, evitando que se queden en órbita de forma inactiva durante años.
Tecnologías de «captura de escombros»
Existen investigaciones sobre el uso de tecnologías avanzadas para capturar fragmentos pequeños mediante sistemas basados en láseres o «pescadores espaciales» que utilizarían redes o sistemas de succión para recoger los restos en órbita. Empresas como Astroscale están investigando cómo eliminar de manera efectiva los satélites fuera de servicio.
Conclusión
El problema de los desechos cósmicos es una amenaza creciente para la seguridad de las misiones espaciales actuales y futuras. La acumulación de estos residuos podría llevar a un escenario en el que el acceso al espacio sea cada vez más limitado y peligroso. Las soluciones para mitigar el impacto de los desechos espaciales van desde la recolección activa de objetos hasta la implementación de regulaciones más estrictas para reducir la generación de residuos.
A medida que la tecnología avanza, es fundamental que la comunidad internacional continúe colaborando en la búsqueda de soluciones sostenibles para proteger el espacio exterior y garantizar un futuro seguro para la exploración espacial.