El término «luxación congénita de cadera» (LCC) hace referencia a un trastorno del desarrollo de la cadera presente al nacer, donde la cabeza del fémur no encaja adecuadamente en el acetábulo, que es la cavidad del hueso de la pelvis. Esta condición también es conocida como displasia del desarrollo de la cadera (DDC), y su severidad puede variar desde una dislocación completa de la cabeza femoral fuera del acetábulo, hasta formas más leves donde la cadera es simplemente inestable o el acetábulo está mal formado.
Historia y Epidemiología
La luxación congénita de cadera ha sido reconocida desde tiempos antiguos, con descripciones en textos de Hipócrates. Es una de las anomalías ortopédicas más comunes en recién nacidos, y su incidencia varía ampliamente entre diferentes poblaciones. En Europa y América del Norte, se estima que afecta aproximadamente a 1 de cada 1,000 nacidos vivos, aunque este número puede ser mayor en otras regiones y grupos étnicos. Es más común en niñas que en niños, con una proporción aproximada de 4:1. Además, ciertos factores de riesgo como el antecedente familiar de la condición, la presentación podálica al nacer, y otras malformaciones congénitas pueden aumentar la probabilidad de desarrollar LCC.

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Etiología
Las causas de la luxación congénita de cadera son multifactoriales, involucrando una combinación de factores genéticos y ambientales. Entre los factores genéticos, se ha observado una mayor incidencia en familias con antecedentes de LCC, lo que sugiere un componente hereditario. En cuanto a los factores ambientales, se ha postulado que el espacio limitado en el útero durante el embarazo, especialmente en casos de embarazos múltiples o presentaciones podálicas, puede contribuir a la displasia de la cadera. Además, ciertas prácticas culturales, como envolver al bebé de manera que las piernas queden extendidas y juntas, pueden aumentar el riesgo de LCC.
Diagnóstico
El diagnóstico temprano de la luxación congénita de cadera es crucial para un tratamiento exitoso y para prevenir complicaciones a largo plazo como la artritis de cadera y el dolor crónico. El examen físico del recién nacido es la herramienta principal para la detección inicial de la LCC. Las maniobras de Ortolani y Barlow son dos pruebas clínicas utilizadas comúnmente para evaluar la estabilidad de la cadera. La maniobra de Ortolani consiste en abducción y elevación de la cadera mientras se aplica una presión anterior en el fémur, buscando un «clunk» palpable que indica una reducción de la cadera dislocada. La maniobra de Barlow, por otro lado, implica una aducción y una presión posterior para evaluar si la cadera es dislocable.
Si hay sospecha de LCC a partir del examen físico, se puede realizar una ecografía de cadera, especialmente en los primeros seis meses de vida, ya que los componentes óseos de la cadera del recién nacido no están completamente desarrollados y la ecografía proporciona una mejor visualización de los tejidos blandos y el cartílago. A partir de los seis meses de edad, los rayos X se convierten en la herramienta de imagen preferida debido al desarrollo óseo progresivo.
Tratamiento
El tratamiento de la luxación congénita de cadera depende de la edad del niño y la severidad de la displasia. En los recién nacidos y lactantes menores de seis meses, se utiliza comúnmente el arnés de Pavlik, un dispositivo que mantiene las piernas del bebé en una posición de flexión y abducción, promoviendo el desarrollo adecuado del acetábulo y la reducción de la cadera. Este tratamiento es generalmente efectivo, pero requiere un seguimiento cercano para evitar complicaciones como la necrosis avascular de la cabeza femoral.
Para niños mayores de seis meses que no han respondido al tratamiento con el arnés de Pavlik, o en casos donde la displasia se diagnostica tardíamente, pueden ser necesarios otros métodos de inmovilización como el yeso pelvipédico. En casos más severos o cuando los tratamientos no invasivos fallan, puede ser necesaria una intervención quirúrgica. Las opciones quirúrgicas incluyen la reducción cerrada o abierta de la cadera, y en algunos casos, procedimientos adicionales como osteotomías pélvicas o femorales para corregir la anatomía de la cadera y mejorar la estabilidad a largo plazo.
Pronóstico y Complicaciones
Con un diagnóstico y tratamiento tempranos, la mayoría de los niños con luxación congénita de cadera pueden lograr un desarrollo normal de la cadera y evitar complicaciones serias. Sin embargo, el pronóstico depende en gran medida de la severidad de la displasia y de la edad a la que se inicia el tratamiento. Los niños tratados después de los dos años de edad tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas a largo plazo, como la discrepancia en la longitud de las piernas, dolor crónico, y artritis precoz de la cadera.
Entre las complicaciones más comunes del tratamiento se encuentra la necrosis avascular de la cabeza femoral, una condición en la que el suministro de sangre a la cabeza del fémur se ve comprometido, llevando a la muerte del tejido óseo. Esta complicación puede ocurrir como resultado de la inmovilización prolongada o de la presión excesiva aplicada durante los procedimientos de reducción de la cadera.
Prevención y Educación
La prevención de la luxación congénita de cadera implica una combinación de educación y prácticas adecuadas de manejo del recién nacido. La educación de los padres y cuidadores sobre la importancia de las posiciones adecuadas para el desarrollo de la cadera, como evitar envolver al bebé con las piernas extendidas y promover posiciones de abducción suave, puede ayudar a reducir la incidencia de LCC. Además, el cribado universal de los recién nacidos mediante exámenes físicos y ecografías cuando sea necesario, permite una detección temprana y un tratamiento oportuno.
Conclusión
La luxación congénita de cadera es una condición tratable que, con un diagnóstico y manejo adecuados, permite a la mayoría de los niños llevar una vida normal y activa. La identificación temprana mediante exámenes físicos rutinarios y la utilización de métodos de imagen cuando sea necesario, son fundamentales para el éxito del tratamiento. La educación y las prácticas adecuadas de cuidado del recién nacido también juegan un papel crucial en la prevención de esta condición. La investigación continua y los avances en las técnicas de tratamiento seguirán mejorando los resultados para los niños afectados por la luxación congénita de cadera.
Más Informaciones
Consideraciones Genéticas y Factores de Riesgo
La genética juega un papel significativo en la predisposición a la luxación congénita de cadera. La presencia de antecedentes familiares, especialmente en parientes de primer grado como padres o hermanos, incrementa considerablemente el riesgo de que un recién nacido presente esta condición. Diversos estudios han identificado ciertos patrones de herencia, sugiriendo la influencia de múltiples genes. Además, se han identificado asociaciones con otras anomalías genéticas y síndromes, lo que subraya la complejidad y la multifactorialidad de la etiología de la LCC.
Influencia de Factores Ambientales
Los factores ambientales también desempeñan un papel crucial en la incidencia de la luxación congénita de cadera. Las prácticas culturales relacionadas con el cuidado infantil, como el uso de fajas o vendajes que restringen el movimiento natural de las piernas del bebé, pueden aumentar el riesgo de desarrollar esta condición. En contraste, culturas que promueven el porteo en posiciones que favorecen la abducción de las caderas, como en ciertas poblaciones africanas, presentan tasas significativamente más bajas de LCC. Asimismo, las condiciones intrauterinas, como el espacio limitado durante el embarazo, la oligohidramnios (baja cantidad de líquido amniótico) y las presentaciones fetales anómalas, pueden predisponer al feto a una displasia de cadera.
Diagnóstico Diferencial
El diagnóstico de la luxación congénita de cadera debe diferenciarse de otras afecciones que pueden presentar síntomas similares. Entre ellas se encuentran las displasias esqueléticas, las infecciones articulares neonatales, las lesiones traumáticas del parto y otras malformaciones congénitas de las extremidades inferiores. Un diagnóstico preciso es fundamental para dirigir el tratamiento adecuado y evitar complicaciones a largo plazo.
Tratamiento No Quirúrgico
El tratamiento no quirúrgico es generalmente la primera línea de intervención, especialmente en lactantes menores de seis meses. El arnés de Pavlik, un dispositivo de abducción suave, ha mostrado una alta tasa de éxito en la estabilización y desarrollo adecuado de la cadera en estos casos. El arnés permite movimiento libre de las piernas mientras mantiene las caderas en una posición óptima para la remodelación del acetábulo y la reducción de la cabeza femoral. Sin embargo, el uso de este dispositivo requiere un seguimiento riguroso para asegurarse de que no esté causando complicaciones como la necrosis avascular.
Tratamiento Quirúrgico
En los casos donde el tratamiento no quirúrgico no es eficaz, o cuando la displasia se diagnostica más tarde, puede ser necesaria la intervención quirúrgica. Las opciones quirúrgicas varían según la edad del niño y la severidad de la displasia. La reducción cerrada, que consiste en manipular la cadera para que vuelva a su posición correcta sin incisiones grandes, suele ser la primera opción. Si la reducción cerrada no es posible o ha fallado, se realiza una reducción abierta, en la cual se realiza una incisión para acceder directamente a la articulación y reposicionar la cabeza femoral.
En algunos casos, la anatomía anormal de la cadera puede requerir procedimientos adicionales, como la osteotomía. Este procedimiento implica cortar y realinear los huesos para mejorar la congruencia de la articulación. Las osteotomías pélvicas, como la osteotomía de Salter o la osteotomía triple, y las osteotomías femorales, que corrigen la orientación del fémur, son comunes en el manejo quirúrgico de la LCC. Estos procedimientos pueden realizarse en combinación con la reducción abierta para optimizar los resultados a largo plazo.
Seguimiento y Rehabilitación
El seguimiento a largo plazo es esencial para monitorizar el desarrollo adecuado de la cadera y la detección temprana de cualquier complicación. Los niños tratados por LCC deben someterse a evaluaciones periódicas que incluyan exámenes físicos y estudios de imagen para asegurarse de que la articulación de la cadera se está desarrollando adecuadamente. La fisioterapia puede ser una parte importante del proceso de recuperación, ayudando a mejorar la movilidad y la fuerza muscular.
Complicaciones a Largo Plazo
A pesar del tratamiento adecuado, algunos niños pueden desarrollar complicaciones a largo plazo. La necrosis avascular, aunque rara, es una preocupación significativa, ya que puede afectar el crecimiento y la forma de la cabeza femoral. Además, la discrepancia en la longitud de las piernas y la artrosis precoz de la cadera son complicaciones