Conceptos básicos del arte culinario

Cómo Hacer Queso Fresco Marroquí

Cómo hacer queso fresco marroquí: Un viaje a la tradición culinaria

El queso fresco marroquí, conocido localmente como “جُبن بلدي” (jubn baladi), es un producto lácteo tradicional que se destaca por su sabor suave y su textura cremosa. Este tipo de queso es ampliamente consumido en Marruecos, tanto en desayunos como en cenas, y es un acompañante ideal para una variedad de platillos. Hacer queso fresco en casa es un proceso sencillo que requiere pocos ingredientes y un poco de paciencia. En este artículo, exploraremos los pasos para elaborar este delicioso queso, así como su historia y usos en la cocina marroquí.

Historia del queso fresco en Marruecos

El queso tiene una larga historia en la gastronomía marroquí, reflejando la rica herencia cultural y agrícola del país. Se dice que su origen se remonta a las tribus bereberes que, en su vida nómada, comenzaron a domesticar cabras y ovejas, produciendo lácteos como una forma de conservar alimentos. El queso fresco se ha convertido en un símbolo de la hospitalidad marroquí, presente en las mesas de los hogares y en ocasiones festivas.

Ingredientes necesarios

Para elaborar queso fresco marroquí, los ingredientes son muy simples y generalmente se encuentran en cualquier hogar:

  • Leche fresca: Preferiblemente leche de vaca, aunque también se puede utilizar leche de cabra o oveja. Se recomienda utilizar leche sin pasteurizar para obtener un mejor sabor y textura.
  • Cuajo: Se puede usar cuajo animal o una alternativa vegetal. El cuajo es esencial para coagular la leche.
  • Sal: Para sazonar el queso al gusto.

Utensilios necesarios

Antes de comenzar, asegúrate de tener a mano los siguientes utensilios:

  • Olla grande de acero inoxidable o de cerámica
  • Termómetro de cocina
  • Cuchara de madera
  • Colador
  • Gasa o paño de cocina limpio
  • Recipiente para almacenar el queso

Proceso de elaboración del queso fresco marroquí

Paso 1: Calentar la leche
  1. Calentar la leche: Vierte la leche en una olla grande y caliéntala a fuego medio. Usa un termómetro de cocina para asegurarte de que la temperatura alcance aproximadamente 85-90 °C (185-194 °F). Es importante no dejar que la leche hierva, ya que esto puede afectar la textura del queso.

  2. Enfriar la leche: Una vez alcanzada la temperatura deseada, retira la olla del fuego y deja que la leche se enfríe hasta aproximadamente 40-42 °C (104-108 °F). Este es el rango ideal para añadir el cuajo.

Paso 2: Añadir el cuajo
  1. Disolver el cuajo: Si estás utilizando cuajo en polvo, disuélvelo en un poco de agua fría (aproximadamente una cucharada de cuajo por cada litro de leche). Si es cuajo líquido, puedes agregarlo directamente a la leche.

  2. Incorporar el cuajo: Agrega el cuajo disuelto a la leche tibia y mezcla suavemente durante unos minutos. Luego, cubre la olla y deja reposar durante aproximadamente 30-60 minutos. Durante este tiempo, la leche comenzará a coagularse y formará una cuajada.

Paso 3: Cortar y drenar la cuajada
  1. Cortar la cuajada: Una vez que la cuajada haya formado una consistencia firme, utiliza un cuchillo largo para cortarla en cubos de aproximadamente 2-3 cm. Esto ayudará a que el suero se separe más fácilmente de la cuajada.

  2. Calentar la cuajada: Devuelve la olla al fuego a fuego bajo y calienta la cuajada suavemente, removiendo con una cuchara de madera. Esto ayudará a liberar más suero. Mantén la temperatura alrededor de 40-42 °C (104-108 °F) durante unos 15 minutos.

  3. Drenar la cuajada: Coloca un colador sobre un recipiente grande y forra el colador con una gasa o paño limpio. Vierte la cuajada caliente en el colador para separar el suero del queso. Deja escurrir durante al menos 30 minutos o hasta que el queso alcance la consistencia deseada.

Paso 4: Salpimentar y moldear el queso
  1. Añadir sal: Una vez que la cuajada haya escurrido, transfiérela a un tazón grande y añade sal al gusto. Mezcla bien para asegurarte de que la sal se distribuya uniformemente.

  2. Moldear el queso: Si deseas dar forma al queso, puedes colocarlo en un molde para queso o simplemente darle forma con las manos. Asegúrate de presionar bien para eliminar cualquier exceso de suero.

Paso 5: Refrigerar y disfrutar
  1. Refrigerar: Una vez que el queso esté moldeado, colócalo en un recipiente hermético y refrigéralo. El queso fresco se puede consumir después de unas horas en el refrigerador, pero su sabor mejorará después de un día.

  2. Servir: El queso fresco marroquí se puede disfrutar solo, con un poco de aceite de oliva y hierbas frescas, o como parte de ensaladas y otros platillos. También es delicioso untado en pan fresco o acompañado de mermeladas y frutas.

Usos del queso fresco marroquí

El queso fresco marroquí es un ingrediente versátil que puede realzar una variedad de platos. Algunos usos populares incluyen:

  • Desayunos: Se sirve con pan tradicional marroquí, aceite de oliva y a veces un poco de miel.
  • Ensaladas: Agregado a ensaladas frescas con vegetales y hierbas, como la ensalada de tomate y pepino.
  • Tajines: Se puede utilizar como guarnición en diferentes tipos de tajines, aportando un sabor cremoso y fresco.
  • Postres: Algunas recetas marroquíes incluyen el queso fresco en postres, combinado con frutas o miel.

Beneficios del queso fresco

Además de su delicioso sabor, el queso fresco marroquí tiene varios beneficios para la salud. Algunos de estos incluyen:

  • Rico en calcio: Contribuye a la salud ósea y dental.
  • Proteínas: Es una buena fuente de proteínas que pueden ayudar en la reparación de tejidos y el crecimiento muscular.
  • Probióticos: Si se utiliza leche cruda, puede contener bacterias beneficiosas que promueven la salud intestinal.

Consideraciones finales

Hacer queso fresco marroquí en casa es una experiencia gratificante que permite explorar la rica tradición culinaria de Marruecos. Con su sabor único y su versatilidad en la cocina, este queso no solo complementa los platos, sino que también invita a compartir momentos especiales alrededor de la mesa. Al seguir estos sencillos pasos, podrás disfrutar de tu propio queso fresco, añadiendo un toque auténtico a tus comidas diarias.

Por último, la producción de queso no solo es un arte, sino también una forma de conexión con la cultura marroquí. Cada bocado de queso fresco lleva consigo la esencia de la tierra y la historia del pueblo que lo elabora. Así que no dudes en experimentar, ajustar la receta a tu gusto y compartir esta delicia con amigos y familiares. ¡Bon appétit!

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