Las shamát (o lunares) son pequeñas marcas pigmentadas que aparecen en la piel a lo largo de la vida. Aunque generalmente son inofensivas, su aparición y desarrollo pueden generar preocupaciones, sobre todo por la posibilidad de que se conviertan en una señal de alerta para ciertos tipos de cáncer de piel. El origen de los lunares y las razones por las que estos se desarrollan involucran una combinación de factores genéticos, hormonales, ambientales y de exposición al sol. A continuación, exploraremos los principales factores que contribuyen a la aparición de los lunares, su naturaleza, y cuándo es necesario consultar a un dermatólogo.
¿Qué son los lunares y cómo se forman?
Un lunar o mancha en la piel es una agrupación de células llamadas melanocitos, que son responsables de producir el pigmento que da color a nuestra piel, conocido como melanina. Los melanocitos en los lunares están concentrados en un área pequeña, lo que hace que el color del lunar sea más oscuro en comparación con la piel circundante.

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La formación de un lunar es un proceso natural en el que las células de melanina se agrupan en lugar de distribuirse de manera uniforme por toda la piel. Este agrupamiento puede ocurrir de diferentes maneras, y a lo largo de la vida, pueden surgir nuevos lunares en la piel debido a una serie de factores internos y externos.
Factores que afectan la aparición de los lunares
1. Factores genéticos:
Uno de los factores principales en la aparición de los lunares es la genética. Si tus padres o familiares cercanos tienen muchos lunares en su piel, es probable que también desarrolles varios. Los estudios sugieren que ciertas predisposiciones hereditarias afectan la cantidad y tipo de lunares que una persona puede tener. Las personas con antecedentes familiares de lunares atípicos o de melanoma (un tipo de cáncer de piel) también pueden estar en mayor riesgo de desarrollar lunares sospechosos.
2. Exposición al sol y radiación ultravioleta (UV):
La exposición al sol y la radiación ultravioleta (UV) es un factor ambiental clave en la formación de nuevos lunares. La exposición frecuente a la luz solar, especialmente durante los primeros años de vida, aumenta la probabilidad de desarrollar lunares solares, que son aquellos que se vuelven más prominentes a medida que una persona envejece. Las personas que pasan mucho tiempo al sol sin protección están en mayor riesgo de desarrollar estos lunares.
Cuando la piel se expone al sol, los melanocitos responden produciendo más melanina para proteger las capas más profundas de la piel. Si bien esto es un mecanismo de defensa natural, la exposición excesiva a los rayos UV puede desencadenar un crecimiento anormal de los melanocitos, lo que puede resultar en la aparición de nuevos lunares o en la modificación de lunares ya existentes.
3. Cambios hormonales:
Los cambios hormonales también juegan un papel importante en la formación de lunares. Por ejemplo, las mujeres embarazadas o aquellas que experimentan cambios hormonales significativos, como durante la adolescencia o el uso de anticonceptivos hormonales, pueden notar que desarrollan nuevos lunares o que los existentes cambian de tamaño o color. Los cambios hormonales pueden estimular la producción de melanina, lo que a su vez favorece la aparición de nuevos lunares.
4. Edad:
Con el paso de los años, es común que la piel desarrolle más lunares, sobre todo entre los niños y adolescentes. La mayoría de los lunares tienden a aparecer en la infancia y adolescencia, alcanzando su máximo número a los 30 años. Sin embargo, es posible que nuevos lunares sigan apareciendo incluso en la adultez. A medida que una persona envejece, la probabilidad de que los lunares existentes cambien de tamaño o color aumenta, lo que puede generar cierta preocupación.
Tipos de lunares
Los lunares se dividen en diferentes tipos, dependiendo de su forma, tamaño y color:
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Lunares comunes: Son los más comunes y generalmente se presentan como manchas redondas o ligeramente ovaladas. Tienen un color uniforme, que varía del marrón claro al oscuro, y sus bordes son bien definidos.
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Lunares atípicos (displásicos): Son lunares que presentan características irregulares en su forma, color y tamaño. Pueden ser más grandes que los lunares comunes y tener bordes poco definidos. Este tipo de lunar puede estar asociado con un mayor riesgo de desarrollar melanoma, un tipo de cáncer de piel.
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Lunares congénitos: Son aquellos presentes en la piel desde el nacimiento. Los lunares grandes, especialmente los que cubren áreas extensas de la piel, pueden tener un mayor riesgo de volverse cancerosos con el tiempo.
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Lunares adquiridos: Estos lunares aparecen a lo largo de la vida y suelen ser benignos. La mayoría de las personas desarrollan lunares adquiridos entre la infancia y la adultez temprana.
¿Cuándo debes preocuparte por un lunar?
Aunque la mayoría de los lunares son completamente inofensivos, hay ciertas señales que pueden indicar que un lunar podría estar evolucionando hacia un melanoma. Algunos signos a tener en cuenta son:
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Cambio en el tamaño o forma: Si un lunar cambia de tamaño, se vuelve irregular o asimétrico, podría ser motivo de preocupación.
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Color irregular: Si un lunar presenta múltiples colores o tonos desiguales, como marrón, negro, rojo o azul, es recomendable que un dermatólogo lo examine.
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Bordes difusos: Los bordes de un lunar deben ser claros y definidos. Si se vuelven irregulares o difusos, esto podría indicar un problema.
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Sangrado o picazón: La presencia de sangrado, costras o picazón en un lunar también puede ser una señal de que algo no está bien.
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Sangrado: Si un lunar comienza a sangrar o a secreción, debe ser evaluado inmediatamente por un profesional.
Prevención y cuidado de los lunares
Aunque no se puede evitar la aparición de todos los lunares, hay algunas medidas preventivas que pueden ayudar a reducir el riesgo de desarrollarlos o de que estos se conviertan en problemáticos:
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Uso de protector solar: La protección solar es esencial para prevenir daños en la piel. Se recomienda usar un protector solar de amplio espectro con un SPF de al menos 30, y reaplicarlo cada dos horas si se está expuesto al sol.
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Evitar la exposición solar excesiva: Evitar el sol directo durante las horas de mayor radiación (entre las 10 a. m. y las 4 p. m.) es importante para proteger la piel de daños a largo plazo.
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Monitoreo regular: Realizar autoexámenes regulares de la piel es fundamental para identificar cualquier cambio en los lunares. Si se nota cualquier signo preocupante, se debe consultar con un dermatólogo.
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Consulta médica: Si un lunar cambia repentinamente de tamaño, color o forma, o si aparece uno nuevo que causa preocupación, es recomendable acudir a un especialista para una evaluación.
Conclusión
La aparición de lunares en la piel es un proceso natural, pero la comprensión de los factores que influyen en su desarrollo puede ayudar a las personas a estar más conscientes de su salud cutánea. Si bien la mayoría de los lunares son benignos, siempre es importante estar atentos a cualquier cambio en la piel y consultar a un dermatólogo en caso de duda. La protección solar y el monitoreo regular son las mejores formas de prevenir problemas y mantener una piel sana a lo largo del tiempo.