La capital de Palestina, tanto histórica como culturalmente, es Jerusalén (en árabe, القدس, al-Quds). Jerusalén ha sido, desde hace siglos, una ciudad de gran importancia no solo para Palestina, sino para toda la región de Oriente Medio, así como para las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Aunque la ciudad de Jerusalén tiene una rica y compleja historia, en términos políticos modernos, la designación de Jerusalén como capital del Estado de Palestina es un tema de gran controversia y conflicto a nivel internacional.
Jerusalén y su importancia histórica
Jerusalén ha sido el centro de la civilización palestina durante miles de años. Fue mencionada por primera vez en textos egipcios que datan del siglo XX a.C. y ha sido un sitio clave en diversas civilizaciones a lo largo de la historia, desde los cananeos y jebuseos, pasando por los hebreos, los babilonios, los griegos, los romanos, los bizantinos, los musulmanes, los cruzados europeos, los otomanos, hasta los británicos y, finalmente, en el contexto moderno, israelíes y palestinos.

La solución definitiva para acortar enlaces y gestionar tus campañas digitales de manera profesional.
• Acortamiento de enlaces instantáneo y rápido
• Páginas de perfil interactivas
• Códigos QR profesionales
• Análisis detallados de tu rendimiento digital
• ¡Y muchas más funciones gratuitas!
La Ciudad Vieja de Jerusalén, en particular, alberga algunos de los lugares más sagrados para las religiones abrahámicas. El Muro de los Lamentos es el sitio más sagrado del judaísmo, el Santo Sepulcro es uno de los lugares más sagrados del cristianismo, y la Cúpula de la Roca junto a la Mezquita de Al-Aqsa son de extrema importancia para el islam. Estas estructuras hacen de Jerusalén un foco religioso y cultural incomparable.
Situación política contemporánea
Desde la creación del Estado de Israel en 1948 y la Guerra árabe-israelí de ese mismo año, Jerusalén ha sido un foco central del conflicto árabe-israelí. Inicialmente, la ONU había propuesto que la ciudad de Jerusalén se mantuviera como un territorio internacional bajo control neutro. Sin embargo, durante la guerra de 1948, la ciudad fue dividida: la parte occidental quedó bajo control israelí, mientras que la parte oriental, incluida la Ciudad Vieja, quedó bajo control jordano. No fue hasta la Guerra de los Seis Días en 1967 que Israel ocupó toda la ciudad y la anexó de facto, declarando a Jerusalén como su «capital eterna e indivisible».
Este acto no ha sido reconocido internacionalmente de manera general, y muchos países, incluyendo a aquellos que mantienen relaciones diplomáticas con Israel, no reconocen oficialmente a Jerusalén como su capital. A nivel diplomático, las embajadas extranjeras en su mayoría se encuentran en Tel Aviv, aunque ha habido excepciones recientes, como la decisión de Estados Unidos bajo la administración del expresidente Donald Trump de trasladar su embajada a Jerusalén en 2018.
Por su parte, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), creada tras los Acuerdos de Oslo de 1993, considera a Jerusalén Este como la capital del futuro Estado de Palestina. Este reclamo se basa en el derecho histórico y en la Resolución 181 de las Naciones Unidas, que proponía una división de Palestina con Jerusalén como un corpus separatum administrado internacionalmente. Para los palestinos, Jerusalén no solo es una ciudad sagrada, sino también el símbolo de su lucha por la autodeterminación y la soberanía.
Jerusalén Este
Jerusalén Este, en particular, es el núcleo del reclamo palestino. Desde la ocupación israelí en 1967, este sector de la ciudad ha experimentado un proceso de «judaización», donde asentamientos israelíes han sido construidos dentro y alrededor de las áreas tradicionalmente palestinas. Esta política ha sido condenada por numerosas resoluciones de la ONU, que la consideran una violación del derecho internacional. Para los palestinos, Jerusalén Este es fundamental tanto por su valor religioso como por su significado simbólico en la formación de un Estado palestino.
El barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, ha sido un símbolo reciente de las tensiones entre israelíes y palestinos. Las controversias sobre las expulsiones de familias palestinas en esa área han provocado disturbios y conflictos en las últimas décadas. El conflicto no es solo territorial; es también una batalla por la identidad y la soberanía, con Jerusalén como el corazón de ambos reclamos.
La Jerusalén de hoy
Jerusalén sigue siendo una ciudad profundamente dividida. Mientras que los israelíes ven la ciudad como su capital indivisible, los palestinos continúan reclamando Jerusalén Este como la capital de su futuro Estado. A pesar de la anexión de Jerusalén Este por parte de Israel, la comunidad internacional mayoritariamente no reconoce la soberanía israelí sobre esta área, manteniendo la esperanza de que un futuro acuerdo de paz establezca a Jerusalén como una ciudad compartida o internacionalizada.
Desde un punto de vista práctico, la vida en Jerusalén Este difiere enormemente de la vida en Jerusalén Oeste, dominada por los israelíes. Las infraestructuras son desiguales, los servicios municipales a menudo son insuficientes en los barrios palestinos, y las tensiones políticas afectan casi todos los aspectos de la vida cotidiana. A pesar de esto, Jerusalén sigue siendo una ciudad vibrante, con una rica mezcla de culturas, religiones e historias.
Reconocimiento internacional
El reconocimiento de Jerusalén como la capital de Palestina es uno de los temas más polémicos en las relaciones internacionales. Solo unos pocos países han reconocido oficialmente a Jerusalén Este como la capital palestina, mientras que la mayoría de los países adoptan una postura neutral, esperando una solución negociada entre Israel y Palestina. La ONU, en varias resoluciones, ha sostenido que el estatus final de Jerusalén debe ser decidido en el marco de las negociaciones de paz y que cualquier cambio unilateral en el estatus de la ciudad es inválido bajo el derecho internacional.
Sin embargo, el hecho de que algunos países hayan reconocido oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel, como ocurrió con la decisión de Estados Unidos en 2018, ha exacerbado aún más las tensiones en la región. Estas decisiones se han percibido como una aceptación tácita de la soberanía israelí sobre toda la ciudad, ignorando las aspiraciones palestinas y complicando los esfuerzos internacionales para alcanzar una solución pacífica basada en la coexistencia de dos Estados.
Conclusión
En definitiva, Jerusalén sigue siendo un símbolo central en la disputa entre israelíes y palestinos, no solo por su valor religioso, sino también por su importancia política. Aunque Israel considera a toda la ciudad como su capital, la comunidad palestina, así como gran parte de la comunidad internacional, continúa viendo a Jerusalén Este como la capital de un futuro Estado palestino. Esta disputa sobre Jerusalén es uno de los principales puntos de desacuerdo en el proceso de paz, y cualquier solución duradera en el conflicto entre Israel y Palestina requerirá una resolución justa y equitativa del estatus de esta histórica ciudad.